El apego es un tipo de vínculo que refleja el lazo afectivo duradero que se establece en el espacio/tiempo entre el bebé y el cuidador. Se determina por la presencia de una persona en la vida del niño capaz de mostrarse sensible y atento a las necesidades del niño. Además, el cuidador se muestra empático y favorece la experimentación de emociones.

Fue John Bowlby, psiquiatra y psicoanalista infantil, el primero en formular una teoría del apego, al estudiar la relación y el vínculo que se establecía entre un hijo y su madre, concluyendo que, tanto la capacidad de resiliencia de los menores, como su conducta y desarrollo emocional posterior estaba directamente relacionada con el tipo de vínculo que los niños establecían con sus progenitores en los primeros años.

Bowlby definió la conducta de apego como “cualquier forma de comportamiento que hace que una persona alcance o conserve proximidad con respecto a otro individuo diferenciado y preferido. En tanto que la figura de apego permanezca accesible y responda. La conducta puede consistir en una mera verificación visual o auditiva del lugar en que se halla y en el intercambio ocasional de miradas y saludos. En ciertas circunstancias se observan también seguimiento o aferramiento a la figura de apego, así como tendencia a llamarla o a llorar, conductas que en general mueven a esa figura a brindar sus cuidados”

¿Qué es el apego seguro?

Se da cuando el niño siente la incondicionalidad por parte de sus progenitores y tiene la certeza de que no van a fallarle. Se da cuando el cuidador proporciona seguridad y se preocupa de establecer una comunicación y un contacto con el menor. Además, el cuidador se muestra empático y favorece la experimentación de emociones.

El apego emerge entre los 6 y los 18 meses de vida y justo a los 12 meses es cuando más se consolida. A los 18 meses los niños ya han desarrollado estrategias para apegarse.  Es entonces, cuando hablamos de un periodo crítico.

Esto no significa que después no puedan generar apego seguro, pero va a ser más difícil de consolidarse. Por tanto, lo que se recomienda es que el cuidador pase el máximo de tiempo con el bebé durante mínimo el primer año y medio de vida.

Características del apego seguro

  • El niño se esfuerza por mantener la proximidad con su cuidador. 
  • Busca el contacto físico y emocional de manera repetida en el tiempo. 
  • Se siente más seguro para explorar cuando tiene cerca a su figura de apego.
  • Cuando se separa de su cuidador, el niño siente ansiedad. Además, hace esfuerzos por atraer su atención. 

¿Por qué es tan importante fomentar un apego seguro?

Los niños que han tenido apoyos seguros durante el primer año y medio de vida desarrollan una mejor autoestima, confianza y autonomía a lo largo de su vida. Estos niños presentan mejores aptitudes para gestionar sus emociones y más seguridad en ellos mismos. 

Además, a nivel social, estos niños mantienen relaciones más saludables. En función de la calidad afectiva que le aporten sus padres, ellos tendrán más posibilidades de llegar a tener una vida plena y equilibrada.

Durante los primeros meses se intenta averiguar su estado mental ante determinadas situaciones como cuando tiene hambre, sueño o se aburre. Algunos ejemplos de frases de sintonización son los siguientes: “¿Tienes hambre verdad?” “o “Siento que te lo estás pasando bien”

¿A cuántas personas puede apegarse un niño?

Un bebé tiene la capacidad de vincularse a 4-5 figuras, pero siempre tiene que haber una que prime sobre las otras en cuanto a disponibilidad, accesibilidad y tiempo. Esto es debido, a que para la mente humana es mucho más fácil organizarse con una mente que con cuatro.

¿Qué dificultades pueden aparecer si los niños no generan un apego seguro?

La característica común de los niños que no han sido capaces de generar un apego seguro es una habilidad muy reducida para responder emocional y socialmente. Pueden presentar comportamientos intimatorios o violentos durante la infancia. Como consecuencia de su reducida habilidad, estos niños pueden generar comportamientos muy dependientes o inadecuadamente independientes. Así pues, se van a encontrar con problemas emocionales recurrentes. 

Lo contrario de un apego seguro, sería un apego evitativo, inseguro o ambivalente, donde los niños evitan o muestras comportamientos ansiosos frente a las figuras de referencias. Esto impide, por ejemplo, que el niño se calme con mayor facilidad frente a situaciones de estrés.

Mostrarán comportamientos de apego no selectivo, se mantendrán simpáticos y confiados hacia nuevas personas. Estos niños, además, son más vulnerables a ciertos problemas de ansiedad, rabia o depresión. Usualmente sus resultados escolares se ven gravemente influenciados y pueden presentar baja motivación y dificultades para vincularse con los demás.

Claves para fomentar un apego seguro duradero

  • Definir una figura de apego.

Tener una figura de referencia, para llegar a tener una base segura interna le dará control sobre el mundo que le rodea. Esto no significa que los otros progenitores o cuidadores queden fuera del cuidado del bebé.

  • Sintonizar emocionalmente con el niño.

El adulto ha de ser capaz de entender los estados mentales del bebé, esto implica tratar de averiguar lo que le ocurre en el menor tiempo posible. Así se podrá dar respuesta a su necesidad y el niño se sentirá reconocido y atendido.

  • Repetir las experiencias de apego.

Aunque es muy importante la calidad de las interacciones con el niño, la cantidad será determinante. La repetición de las experiencias de apego (pasar tiempo con el bebé) van a solidificar las redes neuronales afectivas. 

  • Aceptar al niño tal y como es.

La aceptación consiste en diferenciar al niño de su comportamiento. Por ejemplo, nunca digas a tu hijo: – “Eres torpe” al contrario, se puede utilizar: – “Te has caído pero seguro que la próxima vez tienes más cuidado”.

  • Evitar la sobreprotección.

Es normal que ciertos peligros provoquen en los padres emociones como: miedo, ansiedad o enfado. Sin embargo, es importante que el adulto acepte sus propias emociones para no transmitirlas al niño. Por ejemplo, en vez de decir: – «Cuidado, te vas a caer» Permitimos que el niño explore sus límites y capacidades propias. 

  • Poner palabras a lo que el niño siente, piensa o hace.

No se trata de imponer el pensamiento del adulto sino de reconocerle como una persona independiente. Recordemos que los niños también tienen: deseos, emociones e intenciones propias. De esta manera le ayudaremos a comprenderse para que pueda llegar a regularse el mismo. Por ejemplo: – “Te noto cansado ¿quieres que nos vayamos ya para casa”

  • Establecer normas y límites adecuados desde que los niños nacen.

Es importante establecer conductas y respuestas consistentes. Adelantar y hacer predecible qué se espera de él y lo que está o no permitido. Por ejemplo, si el niño tiene una rabieta poder atenderlo de la misma forma cada vez. 

Normalmente el tipo de apego que se genera entre los padres y los hijos, suele ser un vínculo seguro, pero hay que trabajarlo día a día para que se mantenga en el tiempo.

Para poder establecer una relación de apego seguro lo más importante va a ser atender a los niños sintonizando con sus necesidades emocionales y físicas. Además, el apego seguro se va a construir dentro del amor y unos límites regulares mantenidos en el tiempo.  

En definitiva, el apego seguro les da confianza y alas para enfrentar su vida.

Fuentes:

  • Psicoemocionat
  • Abaterapia psicología infantil

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